Dicen
que hace falta desorientarse,
una y otra vez,
para saber quién eres.
Y sobre todo,
encontrar ese punto cardinal
donde todos soñamos con llegar.
Y allí,
aprender de tus errores,
asustar a tus miedos,
y disfrutar con tus locuras.
A veces lo que sentimos no se dice: se escribe, se dibuja o se transforma en arte, una de las pocas formas de decir verdades sin tener que gritarlas. Exploremos lo que muchas veces callamos: pensamientos que aparecen en silencio y preguntas que nos acompañan cuando todo se vuelve quieto. Cuando las personas no escuchan, el arte habla.
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