Esa noche me encontraba muy cansada, parecía que no dormía hace un mes. Apenas apoyé la cabeza en la almohada me quedé dormida y al instante comencé a soñar…
Cuando pegue un ojo me transporte a otro mundo y sentí como si mi alma se desprendiera de mi cuerpo, de repente me encontraba en una habitación de un color completamente cándido, en un costado había una cama grande y del otro una silla, ambas cosas eran blancas, ese blanco impoluto, yo me encontraba perdida, parada en el medio de la habitación mirando a la nada misma… aún era de noche y mi madre me había despertado, no sé exactamente que quería, pero había vuelto a la realidad, no podía mantenerme despierta, el sueño me vencía, así que volví a quedarme dormida y por más que sonará extraño, me volví a conectar con ese mismo sueño, pero ahora estaba sentada en la silla, seguía mirando al vacío, sin moverme o decir una palabra.
Al principio esto me asustaba, a pesar de no moverme y no hablar, mi cabeza pensaba muchas cosas, parecía una loca en un manicomio, de golpe pensé que estaba esperando mi juicio final, esperando saber si iba hacía el paraíso o al infierno, luego todo dejó de importarme, si ya había llegado mi momento entonces que todo acabara de una vez… pero parece que aún no se decidían, seguía esperando a que la luz apareciera o que el suelo se abriera.
Ya era la hora de levantarse, mi mamá me despertó para ir a la escuela, me costó mucho salir de allí, claro le dije que ya iba, pero no termine de decirlo que ya me encontraba dormida y otra vez regrese a aquel lugar cándido.
Esta vez estaba acostada en la cama, mirando el techo blanco…
No importa cuantas veces mi madre me gritara para que me levantara porque llegaba tarde a la escuela, siempre me volvía a dormir y siempre regresaba allí, pero en lugares diferentes de la habitación… me encontraba en paz, sabrá Dios qué es lo que esperaba, pero yo seguía inmovil, parecía que me había muerto, tampoco puedo decir que estaba en el purgatorio porque no sé como es, pero si creo que era una sala de espera, era cándido como mis recuerdos.
Llegó un momento que no me quedó más opción que despertarme, mi madre volvió a llamarme, pero esta vez enojada por no obedecer, al levantarme estaba confundida, no entendía aquel sueño raro, me sentía observada, y solo pensaba si se habían arrepentido de llevarme y por eso seguía acá.
Para mi eso no era un sueño, era real, porque ya se sabe que cuando nos acostamos a dormir nuestra alma sale de nuestro cuerpo y estoy segura de que la mía, ese día casi no vuelve.
Desde aquello, no recuerdo nada de los sueños que tengo y yo siempre fui una persona que recuerda al pie de la letra lo que sueña, pero ahora no logro recordar ninguno. Es como si lo hubiera borrado todo, como si hubiera bloqueado los recuerdos de mis sueños y mi cerebro se hubiera reiniciado desde cero.
Solo queda presente aquello vivido, ese lugar cándido que no sale de mi cabeza, aquel recuerdo blanco que quizás era una señal o una advertencia, algo que quisieron decirme o capaz simplemente es mi esquizofrenia.
Ese lugar pulcro, marco mis pensamientos y mi corta vida… no creo haber vivido lo suficiente y siento que si me voy de este mundo me llevo muchas cosas pesadas en mi hombro, porque si algo sé, es que inocente no soy y libre de pecados tampoco estoy, nadie muere inmaculado o santo.
Ahora siento que, entre aquel lugar cándido y mi alma hay un solo paso, una línea muy delgada, un suspiro… no importa en qué momento, pero me espera y me llama.
Quizás digas que solo deliro, pero no te cuento nada más que lo vivido. Esto solo narra uno más de mis momentos, es el reflejo mismo de lo que navega en mis blancos pensamientos… pero te invito a entenderme y a ver quién llega más rápido a lo cándido.
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